sábado, 17 de septiembre de 2016

GRAN JEFE SEATTLE


     En 1854 el decimocuarto Presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, recibió esta carta del Gran Jefe Seattle. Yo en mi juventud la tuve mecanografiada, varios años, en unos folios desgastados que atesoraba en mi carpeta de apuntes. Mi conciencia ecologista se estaba forjando con aquellas palabras de aquel Sabio Salvaje. Hoy en día, encuentro en YouTube esta misma carta, leída por el desaparecido Constantino Romero y me doy cuenta que sus palabras conservan toda su vigencia y no sólo eso, también me doy cuenta que están escritas por un autentico ARTISTA que conoce perfectamente el medio en el que se desenvuelve, que lo ama profundamente y que sería capaz de dar su vida por él. 
     Lástima que los artista de hoy no tengan esa misma fuerza de conocimiento del medio en el que se desenvuelven o  tal vez del medio en el que están perdidos creando su arte, me da pena tanta bazofia taquillera, tanta verborrea de novelas para enfermos que se venden a golpe de semen podrido, tanto verso de poeticastros ensalzado en las redes de miserias, tanta inmundicia aclamada por borregos sarnosos. 

     Que nadie pinte un cuadro si no es capaz de cortarse una oreja, que nadie escriba una novela si no es capaz de hacer lo que hacen sus personajes y que nadie componga un verso si no es capaz de morir en él. 

      Ya va siendo hora que los Estados Unidos ensalcen a este Hombre y al menos le hagan una película que por lo menos eso, si que saben hacerlo bien.   





domingo, 13 de marzo de 2016

AGUAS BRAVAS



     Irremediablemente, todo río de aguas bravas acaba remansándose en el mar. La primera vez que lo vi, no hace mucho tiempo, sentado en recepción, parecía un inspector de hacienda o un visitador médico de esos que van empaquetados en trajes de alpaca y zapatos italianos. Le extendí la mano para saludarlo y el solo hizo un amago con la suya, apartando la mirada hacia la puerta por donde entraba su esposa con las maletas.

      Aquella actitud despectiva, fue siempre la tónica de Pelayo, porque así se llamaba. Aún no tenía la edad de jubilación y ya se encontraba dando sus datos frente al mostrador de una residencia geriátrica. No era capaz ni de pronunciar su nombre completo sin pedir ayuda a su mujer para completarlo. Cuando terminaron con los trámites del ingreso, a él se lo llevaron a su habitación y ella se sentó en un banco del jardín completamente derrumbada. Esta absurda manía que tengo, de ponerme en la piel de los demás y novelar cosas irreales, me llevó, muy condescendiente, a consolarla. Nuestra conversación no duró más de quince segundos, pues ella la terminó diciéndome que era la decisión más acertada que jamás había tomado.


     A la Mañana siguiente, cuando estaba haciendo la ronda, entré en su habitación y la auxiliar estaba lavándolo, semidesnudo, encima de la cama. Allí olía a rosas, ella le pasaba la esponja jabonosa suavemente por su cuerpo, todavía esbelto y cubierto de bello negro y ondulado como las aguas del Sella. Él me miró fijamente a los ojos y clavándome la mirada, me hizo sentir, por un momento que era yo el único que sobraba en aquel cuarto. No entré muy bien a mi despacho, cuando aquella auxiliar llegó corriendo con la cara ensangrentada y entre llantos me contó lo que Pelayo le había hecho, unos segundos después de irme yo. Fue entonces cuando comprendí la escueta conversación del día anterior con su señora y su decisión tan acertada.


     Estuvo muy poco tiempo con nosotros, su enfermedad era grave y fulminante, todos, como si fuera un rio de agua bravas, tuvimos que acostumbrarnos rápidamente a su excelsa belleza y a sus crueles envestidas. Hoy, sin novelar nada de lo que digo, puedo asegurar que hubo más de una persona que se alegraron de aquel descenso tan violento y de cómo una vida, todavía corta, se remansara tan rápidamente en el mar.

lunes, 19 de enero de 2015

EL ALMA DE LOS PROSCRITOS

      Tal vez, en esta mañana fría de enero, ella no haya muerto todavía. Tal vez en algún lugar lejano, entre el silencio y el olvido, se encuentre sentada en un sillón, frente a la ventana, con su tez blanca y su cabellera despeinada. Tal vez con el cloruro mórfico y la impotencia, haya encontrado fuerzas para salir huyendo de su cuerpo inservible que ya no la cobijaba. Tal vez esta paloma blanca sea su alma que se escapa de mis manos y vuela deprisa para ponerse a salvo de la nevada.

        La vida no es más que una palabra de cuatro letras que se escapa con tan sólo pronunciarla, hay que verla partir de los ojos de un amigo para saber cuánto vale. No estoy orgulloso de lo que tengo ni de lo que hago, sólo intento aprender a vivir de lo que veo, de lo que siento, de lo que amo. Tal vez para mi sea más dura que para otros y en muchas ocasiones mis recuerdos son el único sustento que pospone mi partida.


     Tal vez ya nunca la recuerde con la cabeza perdida, dando tumbos en la noche por los pasillos, tal vez ya nunca la recuerde postrada en su lecho, apurando el último aliento, tal vez esta paloma blanca, como el alma de un proscrito, se adueñe de mi mente y embellezca mis recuerdos para siempre, como aquel día que la conocí en su habitación y me contaba las peripecias de París, cuando era una niña de la guerra.

domingo, 14 de diciembre de 2014

DOS RELATOS PALESTINOS

SHALOM  05/08/2014

     Amaneció más tarde que de costumbre, el sol cubierto por un humo sulfúreo abrasaba con sus rayos todo lo que tocaba. David estaba desnudo, había pasado la noche en vela, sentado en una piedra, meditando sobre el valor que tiene la tierra si ya no quedan hombres para habitarla. Pertenecía a un pueblo al que su dios había castigado y perdonado cientos de veces por sus acciones pecaminosas y su estirpe estaba regada por la miseria divina, amén de las más crueles opulencias.

      Quitó el polvo de sus tirabuzones negros y quiso ponerse a caminar por la tierra prometida que le pertenecía, pero no pudo, sus pies se enganchaban en cientos de cadáveres de niños inocentes, más allá había mujeres disecadas con la boca abierta por los gritos y los ojos vacíos de tanto llorar. Oteó en el horizonte para encontrar alguien como él , pero nada se movía más que el humo sulfúreo de sol, marchitando los cadáveres. No quiso pensar en los hechos cometidos para conseguir el fin, solamente buscó un pedacito de tierra no muy manchado de sangre y allí se durmió, dejando que el sol terminara su trabajo.

                     UN PERRO PALESTINO  09/08/2014


Unos de los momentos más crueles de mi niñez fue haber presenciado impertérrito un episodio de violencia colectiva contra un perro cimarrón. Con nueve años tuve que ver como un formidable animal era apaleado hasta la extenuación por un grupo de jóvenes exaltados y algún que otro hombre mayor que coreaba el brutal espectáculo. 
Los perros, en los pueblos, se abandonaban con mayor facilidad que ahora y los más fuertes que conseguían sobrevivir, sin hogar y sin comida, se reunían en manadas a las afueras y en la noche hacía incursiones por las calles para comerse las bolsas de basuras que los vecinos dejaban sin protección para que los basureros las recogieran. Destrozar alguna de aquellas bolsas o incluso comerse alguna gallina de los pajares era delito suficiente para justificar escenas tan atroces como la que yo contemplé, aquella tarde de los años sesenta. 
Recuerdo que era un perro grande y musculoso de color parduzco que en las calurosas siestas del verano de Almendralejo recorría las calles en buscas de niños solitarios para compartir con ellos sus meriendas. Era muy goloso, le gustaba mucho el pan con chocolate, pero lo que más le gustaba era la mortadela con aceitunas. Tenía una enorme cola blanca, enrollada sobre si misma, la cual yo estiraba hasta el máximo y disfrutaba viendo como volvía por si sola a su postura inicial.
Un poco más bajo de dónde yo acostumbraba a compartir mi merienda, se abrió una puerta con un gran estruendo y apareció junto a nosotros un chico joven que le propinó una tremenda patada en la barriga, mientras gritaba como loco “el cimarrón, el cimarrón”. No tardaron en aparecer muchos más jóvenes con palos muy largos y sin dudarlo un momento le sacudía por donde le pillaban a aquel pobre perro palestino.  


Recuerdo que no se acobardó en ningún momento, que enseñaba sus dientes a todo aquel que le pegaba un palo y que en ningún momento quiso separarse de mí. Hoy en día, sin traumas por recordarlo, comprendo perfectamente porqué no quiso salir huyendo para salvar la vida, porqué rompió mil veces “el alto al fuego” a pesar de estar muriendo y también comprendo porqué un pueblo entero, tras ser incriminado falsamente y desahuciado de sus hogares, decide seguir luchando hasta la muerte. 





domingo, 26 de octubre de 2014

UN CUADERNO EN LOS CAJONES.

     Tengo yo un cuaderno que ha pasado varias veces la censura impuesta de mis "crisis creativas". Tal vez en ésta por la que paso también se salve aunque cada vez van quedando menos motivos para hacerlo.

     Andaba yo por aquellos años de la mano de mi querido profesor y confesor José Paulino Ayuso que me invitó a hacer un congreso de Miguel Hernández que se celebraba en el Paraninfo de la Facultad de Letras de la UCM. Fue un momento de los más bonitos de mi vida, pues a pesar de que no paraba de hablar con los poetas muertos, jamás me sentí tan solo como ahora.


     Al igual que hacía el gran poeta de la Guerra y queriendo imitarle, me aventuré con dibujos zafios y hasta con versos medidos. En muy contadas ocasiones este cuaderno ha visto la luz porque sólo puedo enseñar un par de poemas que no me delaten en lo más profundo de mi ser. Fue un autentico ejercicio de catarsis interna y de sinceridad conmigo mismo y puede ser que algún día hasta me decida a continuar con sus página en blanco. 

     Hoy en día, no hay nada que me seduzca fieramente, no hay nada por lo que valga la pena seguir escribiendo, nada de mí  merece ser contado, los recuerdos forman parte de la frágil arquitectura de mi ser y cuando afloran, hacen temblar el edificio de mi cuerpo que espera inútilmente a que el Amor le pinte de colores las paredes. 

martes, 7 de octubre de 2014

CARNE-MEDIÁTICA




    A veces, en los momentos cumbres de impotencia, se inhala un vaho repentino que hace cargar nuestras venas de dinamita . Un picor callado toma cuerpo en nuestro estómago, y a sacudidas impasibles, va adueñándose de la mente. Hierve bajo la piel la sed maldita del pasado y el óleo negro del futuro. Saber, no es más que aceptar la cruel espada del invicto; reconocer que es inútil la batalla desigual contra un ejército de titanes; sus armas tienen el color maldito del dinero y la tuya no es más que un corazón dañado por los mistrales de la sierra.


        Piensas que algo grande va a salir de tus adentros, algo que pide paso en tu pecho, para afrontar la vida cara a cara; pero aún no....; aún no has sufrido bastante, y sientes que tus músculo encerrados en una jaula, se tensan como cuerda de ballesta, esperando la última flecha de tu aljaba vacía. 

viernes, 3 de octubre de 2014

LLÉVAME SOLEDAD

Llévame soledad donde los pasos no me duelan, al lejano horizonte donde germina el sosiego, a la lluvia fresca donde se funden las lágrimas.

Llévame soledad porque ya llega el otoño y la vida se marcha de puntillas sin que quiera quedarse el amor por algún tiempo.

Llévame soledad donde los labios se detengan en los besos, donde los cuerpos se sostengan con abrazos y al aire se publiquen los secretos.










lunes, 29 de septiembre de 2014

LA PRIMERA FOTOGRAFÍA QUE VENDÍ


      La primera foto que vendí en el Barrunto 2014 de Cádiz debí de regalarla. Se me acercó un hombre que me sacaba la cabeza y muy interesado por ella, me preguntó si podía fotografiarla con el móvil para mandársela por wassap a un amigo. Yo no me negué y por hablar de algo, empecé a contarle dónde la había tomado; - Mire son unas casitas abandonadas que hay en el margen izquierdo a la entrada de Cádiz por el puente Ramón de Carranza.- Contestó rápidamente que ya lo sabía, que aquel lugar se llamaba el “Caño de Trocadero” y que pertenecía al término de Puerto Real.  Me estrechó la mano y se fue por donde había venido.



     Tras mi patinazo, hubo de todo; gente que se acercaba preguntando por mis técnicas de edición, sobre todo por la del revelado mixto, también hubo varios  pintores que se interesaron por  mis fotografías para que les hiciera un expobook y lo más curioso, una señora en apariencia muy potentada que quería decorar el porche de su chalet en Caños de Meca con las fotos de toda  su familia y con la edición de reflejos soroyanos que yo hago en algunas de mis fotos de playa. Le dije que yo era un aficionado y que no me dedicaba a esto que trabajaba en otra cosa y que no era fácil realizarle el reportaje por que vivía en Madrid. Ella insistió, me extendió su tarjeta y me dijo que cuando volviera de vacaciones a Cádiz que la llamara para realizar el encargo.



    Nuevamente se acercó el hombre alto que me preguntó por la fotografía del Caño de Trocado y me pidió que le explicara como había hecho para que pareciera una pintura, no me dejó terminar muy bien, cuando me preguntó el precio y sin regateo me dijo que se la quedaba.   No recuerdo el apodo que me dijo que escribiera en mi dedicatoria del reverso del lienzo, sólo recuerdo que me contó, mientras yo escribía, que era para su suegro enfermo que había sido pescador y que se la iban a colgar junto a su cama para que pudiera ver el lugar donde tantas veces había salido a pescar.

lunes, 21 de julio de 2014

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Retrato "Abuela Pepita"
óleo de Joan Marti Aragonès.

                                 
     En mi trabajo, un mes de vacaciones no es mucho tiempo para olvidarlo todo. Como el mal capitán que hace recuentos de las bajas en el campo de batallas, uno se enfrenta a la llegada con el ordenador para averiguar cuántos seguimos aquí presentes. Algún nuevo caso de cáncer, una pierna cortada e incluso un par de muertes, no son cifras alarmantes para mí. Ya estoy acostumbrado a que la vida no me pregunte y a que las segundas oportunidades sean cosas del azar.

     Cuando paseo por las estancias, saludando a los residentes, siempre temo olvidar sus nombres o lo que es peor, mostrar desconocimiento de sus diversas historias clínicas. De todas formas hay historias que se graban en la mente con fuego y nombres que no soy capaz de echar nunca del corazón.

      Los protocolos dictan no demostrar en público más afectos a unos que a otros, para no provocar celos ni envidias e incluso yo, en un afán desmedido de profesionalidad, intento dejar para el final a esos nombres que no soy capaz de echar de mi corazón. Esta mañana de verano, el calor parecía haber dado una tregua y por las ventanas del enorme salón entraba una brisa fresca que perfumaba el ambiente. En un rincón estaba Madame Tez Blanca, sentada entre cojines y seguía mis acciones de un lado para otro con su mirada: un tironcito de orejas a uno, un guiño de ojo a la más presumida, un saludo militar al más serio e incluso un numerito de majorette con el eterno bastón perdido de la Residencia.

     Desde lejos podía percibir como el cuerpecito de Madame se agitaba por no dirigirme a ella después de todo un mes de vacaciones. Yo ya había leído su historia clínica en el ordenador y sabía que tras algún episodio alucinatorio, había tolerado muy bien la quimioterapia. Al terminar de saludar a todos los demás, hubiera querido atravesar corriendo el enorme salón y abrazarla, pero solamente me acerqué a su sitio y me senté junto a ella, en el sofá lleno de cojines. Cómo siempre me pasa en estos casos, se me cierra la boca y las palabras no salen por temor a no ser las adecuadas. Estuvimos un ratito en silencio mirándonos fijamente a la cara. De repente, mientras se quitaba un gorrito de colores que le cubría la cabeza, me dijo: “Fíjese, ahora me está saliendo pelito de  bebe”  yo extendí la mano para acariciarle la nunca: “¡Es verdad Madame qué suave es!”. Esbozó una sonrisa en su tez blanca y nuevamente con sus manos tiernas me apretó las mejillas para consolarme.