sábado, 12 de enero de 2013

LA POESIA Y EL POETA





          Yo no soy poeta, aunque entregue a la Poesía cada minuto libre de mi tiempo. A mí no me gusta estar en los estantes empolvados de bibliotecas y ni mucho menos, en algún poemario olvidado en un rincón de la casa de algún amigo que compró el poemario por compromiso.  Hoy en día, ambas cosas están al alcance de cualquiera, un ISBN se consigue por cuatro céntimos y muchísimas de la Bibliotecas que conozco reseñan cada ISBN que les llega.
 
          A mí me gusta estar en la mente de las personas que me leen, me emociona saber que me recuerdan cuando miran alguna flor de las que saco en mis poemas,  cuando pasan cerca de alguna farola que yo he poetizado o incluso se sienta en el mismo banco de mis secretos. Son emociones que nunca podré pagar y que para mí ya están mucho más recompensadas que si hubieran comprado mi libro.

          Esta situación que describo no es siempre tan idílica cómo parece, pues algunas veces me pilla sorprendido ya que el lector exige de mí lo que ha leído en el poema. No es que yo, ya no sienta lo que escribí  y ni mucho menos que no quiera hablar de un poema mío o incluso que llegue a odiar o insultar algo que he escrito hace algún tiempo; lo que me pasa es que temo no estar a la altura de la circunstancias, no poder profundizar tanto en el tema que yo mismo propuse o tal vez no poder ofertar el amor que yo versifiqué. 

          "Yo soy lo que mi mente hace de mí en el momento de escribir algo…"  Me abandono en algún pensamiento, en alguna palabra excitante, en algún recuerdo y por supuesto el poema que sale no tiene que ver nada con el estímulo que lo produjo; pues acaba lleno de giros, de guiños, de flechas, de trampas para cazar y ser cazado y siempre lleva escrito un nombre oculto entre sus versos. Así me va, claro, pues prefiero ser odiado mil veces que no estar a la altura de alguien a quien amé.    

          Es por tanto mi vida y obra poética un continuo altercado, un fracaso continuo en el que quiero seguir viviendo, un amor imposible que acaba con cada una de mis etapas de creación o incluso termina con un simple poema, escrito para alguien muy querido; en definitiva mis manos han estado llenas de alianzas matrimoniales que quemaron mis dedos porque alguien me las puso casi sin yo quererlo.  Qué le voy hacer si soy así; me entrego a mi obra como quien entrega su vida a la búsqueda de la flor perfecta y justo en el momento de morir, se da cuenta que ha perdido todo su tiempo, porque todas la flores son auténticamente perfectas. Existiré de esta forma en cada casa donde me lean, en cada lecho donde me acuesten, en cada mente aventajada que quiera buscarme… Sin embargo yo, siempre seré YO; EL QUE NADIE ENCUENTRA.


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