domingo, 9 de febrero de 2014

EL PAPEL DEL CARAMELO

  

  El señorito se comía los caramelos por el atrio del cortijo y Mariquita esperaba a que tirara los papeles para descubrir en ellos, el universo de los cielos. Ella los alisaba con cuidado, los olía, los guardaba en su faldiquera y soñaba con ser una niña como la demás.
 -¿Qué letra es ésta señora?-,   -La “T” Mariquita-, 

-¿Y ésta?- ,  -la “R”- 

-Ésta me la sé  señora, es la del puntito, la “I”-,   

-Así es Mariquita y todo junto hace “TRI”.
      Cuando iba a comprar provisiones con su padre a Almendralejo, desde el carro, veía a las otras niñas que entraban en la escuela con la cartera. Seguro que sabrían leer de corrido y hasta escribirían su nombre completo. Tras comprar todo lo necesario, iban a la fábrica de Toribio Fernández a por un cartucho de los caramelos más gordos y brillantes. De vuelta a la finca no paraba de hablar, mientras chupaba uno de aquellos deliciosos caramelos, como si fuera un enorme flemón en su carrillo.

      - Papá la “U” con la “N” hace UN-,    -si, Mariquita si-    - ¿Papá y haré la comunión de blanco? -     - Nosotros no sabemos rezar, hija-
      Pasaron un par de años de aquella charla y Mariquita aprendió por sí sola a leer y a rezar en aquellos papeles de caramelos.  Una mañana como tantas otras, cuando iban al pueblo a comprar, se bajo del carro y tras atusarse un poco sus rizos rubios, fue a tomar comunión a la misa de doce de la Parroquia. De vuelta para el cortijo, leyó a su padre de corrido uno de aquellos papeles de caramelos del TRIUNFO  y le dijo, muy sería, que ya no le gustaban.
     



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