domingo, 24 de febrero de 2013

GRANADA EN SOLEDAD

Carrera del Darro






                  Todo lo que la vida tan generosamente
                   le entregó, la muerte se lo roba avariciosa 

                                                   Hilario Barrero.
                                                    (In tempore belli)









          Recordando al Amor. 


Cuando llegué a la ciudad, las calles tenían su nombre escrito en las paredes. 
Era esa hora lúbrica, en la que se apaga el día y se despierta la soledad.
Del cielo gris pajizo brotaban lágrimas brillantes que limpiaban las de mi cara y pintaba las aceras de pan de oro.  
Fotografié cada rincón, con la esperanza de encontrar el aura del amor pasado, cuando subíamos juntos de la mano, por la cuesta del Darro.

Colgué en el Facebook una foto, sin más compañía que mis recuerdos, velados por el tiempo de un Amor prohibido y eterno que se niega a abandonarme en los lugares en los que fui feliz.

Solamente el Darro, de puentes ojerosos, conocía mi secreto y en la misma puerta de Mariana Pineda quise romper el maleficio gritando su nombre oculto a la gente que pasaba.

No había una espada tan afilada, ni siquiera una Torre Bermeja que quisiera acompañarme en mi último paseo. Todo podía resultar inesperado, cualquier impulso hubiera valido para desatar la tempestad; un roce, una mirada, un suspiro,  una caricia tal vez para aliviar el desconsuelo del momento y acompañar a mi mente solitaria por aquel corazón de la Granada…

Bajo Albayzín.
         Guardé la cámara de fotos en la mochila, limpié los lentes empañados con mi llanto y cuando alcé los ojos del abismo; vi a la Alhambra que aparecía suspendida de los cielos.       








                                                          Memorans Juan.
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