domingo, 30 de septiembre de 2012

EL NIÑO YUNTERO






     Mi padre  no sabía quien era Miguel Hernández, pero estoy seguro que este maravilloso poeta se inspiró en mi padre para escribir este poema. Isidro Bote el tabernero de la calle Paloma de Almendralejo, un hombre rudo que labraba barbechos con su yunta de mulas y que vendía el vino cosechero que producía en una pequeña taberna con olor a pueblo y a muerte. Lo horrible de su trabajo tan duro, no era que lo estuviera haciendo de mayor, cuando era mi padre, sino que lo venía haciendo desde que tenía 11 años, cuando se hizo cargo de su madre viuda, por que fusilaron a su padre en la Guerra Civil Española.
     Nunca me llevé bien con él y no por que no nos quisiéramos sino porque yo creía que él me hacía pasar por los mismo apuros que él había pasado en su infancia. Un día cuándo yo tenía 14 años y estaba echando uva a una  máquina para hacer  el vino, se acercó hacia mí y me dio una soberana bofetada. Yo me quedé petrificado mirándole con rabia fijamente a los ojos y él me dijo “ No me mires así que peor hubiera sido que te la pegara un jefe por no hacer bien tu trabajo y espabila que estás trabajando en lo tuyo.”  Aquella bofetada me salvó de todas las bofetadas que pudieran haberme dado a lo largo de mi vida por no hacer bien mi trabajo, pero también me enseñó que el único que tenía derecho a dármela era mi Padre, que yo era su hijo por encima de todo y que él había conseguido unas tierras y una bodega para que yo no tuviera que buscar trabajo como jornalero del campo. Yo no entendí en aquel momento aquella soberana bofetada, tiré la pala y me fui corriendo a buscar a mi madre, me eche en sus brazos llorando, mientras le juraba que muy pronto me iría de casa. Mi Madre, de la que un día hablaré con más detenimiento,  esperó a que me tranquilizará, apartó mi flequillo rubio de la cara y apretando mis mejillas con sus manos me dijo :“hijo mío no te das cuenta que tu padre ni siquiera podía venir llorando a su madre cuándo le pegaban sus jefes en el campo y que él siendo más niño que tú, tenía que traer un jornal a casa para que los dos comieran aquel día…”  Volví corriendo a nuestra bodega y mi padre estaba echando uva a la máquina, me acerqué a él, le cogí la pala de las manos y con mis 14 años  empecé a trabajar cómo un hombre.

     “Hijo mío…” , estas dos palabras encabezaban cada momento solemne, cada consejo de vida que mis Padres intentaban darme. Tampoco es que me dieran muchos, pero los pocos consejos que me dieron los guardo en mi corazón cómo  los tesoros más valiosos. Viene a mi mente uno que él me daba cuándo estaba un poco borrachete por el vino que vendía en su taberna:  “ Hijo mío, tu estudia para que no estés hecho un cabrón cómo yo y no robes a nadie, pero no dejes que nadie te robe ni un grano de trigo” .  Yo que tantas veces me avergoncé de la incultura de mi padre, ahora me pregunto ¿porqué esta “panda de ladrones” que dirigen nuestro País y nuestros bancos no tendrían un padre cómo el mío?.  ¿Qué consejos les darían sus padres tan cultos en la adolescencia, o es que acaso estos sinvergüenzas son hijos de familias de cuatreros?.   No quiero quejarme ahora de los políticos, ni de los banqueros ladrones, no quiero pensar ahora en el color de la crisis  que asola a millones de familias españolas, ahora solamente quiero acordarme de mi padre y agradecerle todo lo que en vida no pude agradecerle por mi orgullo y cabezonería.
  
   Isidro Bote, mi Padre, que a la temprana edad de 11 años tuvo que soportar el asesinato del suyo,  a  manos de una compañía de fusileros del asesino y sádico teniente coronel Carlos Asensio Cabanillas en el 1936 y digo asesino y sádico, no sólo por que ordenó a sus tropas que fusilaran a los Rojos de Almendralejo , sino porque permitió a sus soldados que humillaran a las familias de los fusilados, rapándoles la cabeza, dándoles laxantes de caballos y violando a sus mujeres. Mi padre sufrió todas estas aberraciones en el seno de su familia y de su boca jamás escuché una palabra de reproche para los asesinos de su padre y los vejadores de su madre. Él siempre intentó protegerme, no quiso nunca sembrar en mi mente la semilla del odio y de la venganza, a pesar de que hoy, estoy seguro, que en su cabeza siempre estuvo grabado con fuego el nombre del que acusó a mis abuelos de Rojos, ante las tropas fascistas. Algún día tal vez me decida a contar cómo descubrí que mi padre sabías quién acusó a su familia y cómo mi padre tuvo a su merced el gaznate de aquel delator treinta años seguidos, pudiéndole matar en cualquier momento y casi sin haber sido descubierto.   

       Hoy a varios años de la muerte de mi padre, todavía ni siquiera puedo terminar estas líneas sin que las lágrimas me broten de los ojos acordándome de él, de cómo trabajaba sus campos y cómo siendo una victima de la guerra, ayudó a este País a salir de la miseria que otros habían provocado. Así él y tantos niños cómo él; hijos de una guerra sangrienta, huérfanos de padres asesinados, hijos de madres violadas, se ataron al yugo de su yunta y labraron los campos españoles con un jefe asesino al mando. ¿Qué semillas estamos recogiendo ahora de estos héroes de un pasado no muy lejano?, ¿Qué estamos haciendo ahora todos juntos para levantar lo que nuestros Padres nos dejaron?. Nosotros, los hijos de la Democracia, los que corrimos delante de los grises y construimos un estado de derecho, los que votamos una leyes justas y ahora cometemos injusticias. ¿Cuántos políticos de no importa que ideología pronuncian palabras a los españoles a sabiendas que son mentiras enormes?, ¿Cómo no va a estar harto el Pueblo Español, si hoy ni siquiera se puede firmar ni un contrato de telefonía si temor al engaño?.

     La crisis económica por la que atraviesa España, no es tan grave cómo la crisis de valores por la que atravesamos los ciudadanos. Todo  ha estado permitido en estos últimos años,  nos hemos vendido por un buen puestos de trabajo bien remunerado a sabiendas incluso de que no estábamos capacitado para ello y sin importarnos siquiera el resultado que tuviéramos. Hemos  deseado para nuestros hijos imberbes, puestos de directores de oficina bancarias que engañan a la gente de bien, hemos parido hijos sin escrúpulos que desahucian a gente que no puede pagar las trampas que ellos mismos les tendieron.  Hemos justificado todo aquello que produjera dinero sin importar la ética para conseguirlo.  

        Yo propongo a todo aquel que lo desee y en nombre de mi padre analfabeto, a que cada uno hagamos, cada día, un pequeño gesto que ayude al bien común de nuestro País, no hace falta que sea mucho, no sé: no tomar una pastilla innecesaria, cuidar el mobiliario urbano, no tirar una colilla por la ventanilla, gastar un poquito menos de combustible, aprovechar las clases que todavía nos dan en está malograda enseñanza pública… miremos a la cara de nuestros mayores y digámosle que saldremos de esta, que no nos gustan las mentiras y que jamás mentiremos a nadie que seremos honrados en nuestros estudios y trabajos, y que no queremos más dinero del que nos hayamos ganado honradamente por el sudor de nuestra frente. Todas las buenas acciones sociales tienen su precio en oro y estoy seguro que muy pronto España saldrá de esta crisis económica, además que todos los Españoles habremos recuperado un poco de dignidad a la hora de construir el bien común, sin necesidad de poner nuestras esperanzas en políticos embusteros,  ladrones y sin escrúpulos. Yo intentaré dormir tranquilo esta noche porque he recuperado la memoria de mi padre y escucharé el poema de Miguel Hernández cantado por Serrat, mucho antes de ser Don Serrat.



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